Me desperté en mi cama. Genial. Me había vestido y me quedé dormida. Ya veo lo mucho que corro.
Últimamente me pasa, esto de quedarme dormida en cualquier sitio. La última vez que intenté ir a correr a Grizedale forest ocurrió lo mismo. Simplemente me desperté en mi cama, con un gran dolor de cabeza.
Me levanto. Doy vueltas por casa. Apenas son las seis de la tarde y mi madre volverá a las nueve.
Cojo mi móvil y marco el número de Alice, una de mis amigas.
-¿Si? – contesta Alice, con voz soñolienta.
-¿Te he despertado de la siesta? – digo divertida.
- Pues sí, lo has hecho, mala persona.
- Pues ya está. Ahora, espérame en tu casa, que ya voy.
- ¡Vale! Ven rápido que ya me aburro.
A los diez minutos ya estoy con Alice.
- ¿Has sobado durante toda una tarde?
- Pues no, he salido a pasear al perro también.
- Yo si que he dormido, y mira que es raro en mi.
- Pero si has salido a correr ¿no? – dice, mientras se para a coger dos latas de Coca-Cola.
- Lo intenté, pero…. ¿Cómo sabes que quería correr? – me entrega un lata y vuelve a sentarse en el sofá donde estábamos acomodadas.
- Porque hoy te vi, con tu chándal, ibas hacia el bosque Grizedale.
Era imposible ¿o no? ¿Acaso soy yo la loca que iba a correr y perdía la memoria?
- Ah, pf, lo siento, se me olvida todo – fuerzo una sonrisa. No es momento para discutir si era o no era aquella persona.
- Vale, pero háztelo mirar –rie- ¿Salimos? Mi casa me agobia.
- Sí, mucho mejor.
Hoy hacia más frio de lo normal. La nieve es muy bonita si la ves de vez en cuando, pero no todos los malditos días.
- ¿Y dónde vamos? – pregunta Alice.
- ¡A comer un helado!
- Pero que tonta eres eh – sonríe – estamos en pleno invierno.
- Lo sé, era una broma. – sonreí – Eh… Te invito a merendar, en la cafetería que tú quieras – digo sarcástica.
- Uy si, como hay tantas… - contesta con el mismo tono que yo.
- Por eso mismo – digo, entre risas.
Cuando llegamos a la pequeña, pero acogedora cafetería del pueblo, me fijo en que no hay casi nadie, que es normal, porque ¿quién sale, con el frio que hace, de su encantadora casita?
Las dos nos sentamos en una de las mesas, desgastadas por el tiempo, ya que llevan años allí.
- Oh, oh, mierda, mierda, mierda.
- ¿Dónde está la mierda? – ríe Alice.
Ignorando el comentario de Alice me fijo en el chico de detrás de la barra. El tipo de la librería.
- Alice, ¿tu has visto a ese chico alguna vez por aquí?
Alice gira la vista hacia el, que aún no se ha enterado de que estamos allí, ya que esta de espaldas.
- No, nunca, pero parece guapo
Vale, sí, era guapo, quizá no me hubiera fijado bien debido a que la situación en la que nos conocíamos.
- Mira – dice Alice – viene hacia aquí.
Antes de que pudiera pensar qué hacer o decir, aquel chico está enfrente nuestro.
-Ah, eres la de la librería.
- Ajá. Quiero un capuccino. – intento evitar que surja una conversación entre nosotros, además a Alice, si un chico le parece guapo, va a por él.
- ¡Hola! Me llamo Alice, y la chica que va conmigo es Annie, ¿y tú cómo te llamas?
Intento dar un codazo a mi amiga, pero fallo y mi brazo se da contra la mesa.
- Ian –contesta, sin dejar de mirarme.
- Sí, bueno, ¿Alice, que quieres tú? – por lo visto, mi táctica de ignorarlo no funciona.
- Siento lo de hoy por la mañana, en realidad Carlos y yo somos muy amigos. – dice Ian.
Sí, ya, claro, y yo soy Blancanieves,
- No lo sientas, no pasa nada – miento, y fuerzo una sonrisa.
- Ah, eh… enseguida traigo tu café. – sonríe y se gira.
- Es guapo y amable, y lo conoces, cosa que no me has contado – habla Alice, fingiendo enfado.
- No lo conozco, vino a la librería y punto.
- Pero dijo que lo sentía…
Alice no pudo continuar hablando debido a que Ian apareció con mi capuccino.
- Gracias – suelto, evitando su mirada.
De repente, el móvil de Alice empieza a sonar con insistencia. Ella lo coge y su expresión se vuelve sombría.
- ¿Qué pasa? – pregunto preocupada.
Alice se levanta y corre hacia la salida.
- Ya te lo contaré, adiós – dice alzando la voz, antes de desaparecer fuera.
¿Qué le ha podido pasar? Ni siquiera me ha dejado seguirla, ha desaparecido, literalmente.
- Parece que ha tenido un problema – Ian habla y me saca de mis pensamientos.
- Sí, eso parece… yo también me voy.
- Ni siquiera has acabado tu café. –alza una ceja y me mira esperando una respuesta.
- Voy a buscar a mi amiga, y se está haciendo tarde – contesto secamente.
- Yo también tengo que salir, ya he de cerrar.
A ver como le digo que no ahora.
- Vale. – contesto al fin.
Espero a que el acabe de cerrar la cafetería y hago ademan de caminar hacia casa, pero Ian me coge del brazo.
- Suéltame – aparto el brazo bruscamente y entonces me doy cuenta de que en realidad son todo paranoias mías y no está pasando nada malo. Vamos a ver, Carlos quizá tenga un problema con él, pero yo no, y le estoy tratando mal – Lo siento – rectifico.
- No pasa nada, pero me gustaría acompañarte a tu casa… es demasiado tarde y está demasiado oscuro. Tengo mi coche aquí mismo.
- Es que… - vacilo, es un poco extraño subirte a el coche de un tipo que acabas de conocer, pero es verdad que está muy oscuro… – No, prefiero ir sola.
Y sin esperar respuesta me encamino hacia casa, sin mirar hacia atrás.
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Este cap no me gustó demasiado como quedó D: anyways, espero que a alguien sí (?)
Saludos!